El 28 de marzo de 1942, Miguel Hernández, poeta español de 31 años, falleció de tuberculosis en una cárcel de Alicante, víctima de la represión franquista.

Preso desde el fin de la Guerra Civil por su compromiso republicano, su muerte simboliza la tragedia de una generación silenciada. Nacido en Orihuela en 1910, Hernández pasó de pastor a voz poética inmensa.

Su obra abarca Perito en lunas (1933), místico y sensorial; El rayo que no cesa (1936), sonetos de amor ardiente dedicados a Josefina Manresa; Viento del pueblo (1937), himno solidario de la Guerra Civil; y Nanas de la cebolla (1939), desgarrador poema a su hijo desde la prisión. Revalorizado en los 60, Joan Manuel Serrat lo inmortalizó en discos como Miguel Hernández (1972), con «Nanas» como emblema.

En Argentina, su poesía llegó vía exiliados y ediciones locales, influyendo en poetas como Gelman. Hoy, a 82 años de su muerte, Hernández representa la resistencia cultural contra dictaduras, un eco en nuestra historia de desaparecidos y luchas. Su tumba en Alicante es peregrinaje, y sus versos –»Todo el amor que ha muerto en mi corazón / ha muerto con los ojos abiertos»– siguen vivos en recitales y antologías.

(Detalles en Página/12).

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.