Hoy, 26 de marzo, se conmemora el aniversario 199 del fallecimiento de Ludwig van Beethoven, el genio alemán que revolucionó la música clásica y dejó un legado eterno.
En 1827, el compositor, director de orquesta y pianista murió en Viena a los 56 años, víctima de una larga enfermedad hepática agravada por su estilo de vida bohemio y la sordera que lo aquejaba desde sus 40. Nacido en Bonn en 1770, Beethoven superó adversidades para componer obras maestras como las nueve sinfonías, los conciertos para piano y la monumental Novena Sinfonía, estrenada en 1824 e inmortalizada por su «Oda a la Alegría», himno actual de la Unión Europea.
Su vida fue un torbellino de genialidad y tragedia. Hijo de un músico alcohólico, mostró talento precoz y se mudó a Viena en 1792, donde estudió con Haydn y Mozart. La progresiva pérdida auditiva no lo detuvo: compuso sus obras más innovadoras en silencio, dictando a copistas y «oyendo» en su mente. La Novena, con coros masivos y texto de Schiller, rompió moldes al unir solistas, coro y orquesta en una celebración universal de la fraternidad humana. Beethoven elevó la sinfonía de forma entretenida a épica filosófica, influyendo en compositores como Brahms, Wagner y hasta el rock sinfónico moderno.
En Argentina, su impacto resuena en orquestas como la Filarmónica de Buenos Aires, que interpreta su repertorio en ciclos anuales. En tiempos de crisis como los actuales, su «Oda a la Alegría» inspira unidad, recordándonos que la creatividad trasciende límites. Expertos como el musicólogo argentino Pablo Adrián Buzón destacan que Beethoven «transformó la música en lenguaje de la libertad». Su funeral reunió a 20.000 vieneses bajo una tormenta, simbolizando su estatus mítico. Hoy, su tumba en el Cementerio Central de Viena atrae peregrinos, y streaming como Spotify supera los mil millones de reproducciones de sus sinfonías.
Beethoven no solo compuso notas; forjó emociones eternas. En Notigital, celebramos su huella en la cultura global.