El 7 de enero de 1642, a los 77 años, fallecía en su villa de Arcetri, en las afueras de Florencia, Galileo Galilei, el genio italiano que revolucionó el conocimiento humano y se erigió como padre de la astronomía, la física y la ciencia moderna. Matemático, ingeniero, físico y filósofo, su muerte bajo arresto domiciliario impuesto por la Inquisición no opacó su legado inmortal, que sigue iluminando el camino de la investigación científica en todo el mundo.
Galileo nació en Pisa en 1564 y desde joven desafió las verdades establecidas. En 1609, perfeccionó el telescopio inventado por otros, apuntándolo al cielo nocturno para revelar maravillas que Aristóteles jamás imaginó. Descubrió las cuatro lunas de Júpiter —hoy conocidas como lunas galileanas: Io, Europa, Ganímedes y Calisto—, los anillos de Saturno y las fases de Venus, pruebas irrefutables del modelo heliocéntrico de Copérnico, donde la Tierra gira alrededor del Sol y no al revés.
Su obra maestra, «El Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo» (1632), lo llevó al juicio de la Inquisición en 1633. Condenado por herejía, abjuró públicamente de sus ideas bajo amenaza de tortura, pero se dice que murmuró «Eppur si muove» («Y sin embargo, se mueve»), defendiendo la verdad científica. Bajo arresto en Arcetri, cerca de la Iglesia de Santa María del Fiore, continuó trabajando en temas como el movimiento de los proyectiles y la balística, sentando las bases del método experimental que definen la física moderna.
El impacto de Galileo trasciende siglos. Sus leyes del movimiento inspiraron a Newton, y su insistencia en la observación empírica y las matemáticas como lenguaje de la naturaleza fundaron la Revolución Científica. En un mundo aún marcado por dogmas, Galileo nos recuerda que la ciencia progresa cuestionando lo establecido, midiendo lo invisible y defendiendo la razón frente al poder.
Hoy, en el 384 aniversario de su muerte, figuras como la NASA y la Agencia Espacial Europea rinden homenaje a este pionero con misiones que llevan su nombre, como la sonda Galileo que exploró Júpiter. Su vida es un testimonio eterno de cómo un hombre con un telescopio cambiado la visión del universo.