Buenos Aires, 2026. El gobierno nacional de Javier Milei irrumpe de lleno en el conflicto de Medio Oriente con un discurso duro contra Irán y un apoyo total a las gestiones de Donald Trump y Benjamín Netanyahu. En un contexto de guerra abierta y heridas aún frescas, el presidente argentino adopta una postura clara pero controvertida.

Históricamente, Argentina se ha declarado neutral en conflictos bélicos para evitar consecuencias graves. Sin embargo, Milei parece ignorar este precedente, incluso el pasado trágico de los 90: los atentados a la embajada de Israel y la AMIA. Olvida que su responsabilidad trasciende sus convicciones ideológicas personales. Como presidente, sus palabras podrían exponer al país a riesgos de ataques terroristas.

Aunque no hay indicios concretos de amenazas por parte de Irán, una posición tan dura —y la posible respuesta del régimen persa— enciende todas las alarmas. Además, circulan rumores de que el gobierno evalúa poner a disposición tropas de las Fuerzas Armadas argentinas en el conflicto. Una guerra ajena, iniciada por el enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán, en la que Argentina no tiene nada que hacer.

¿Servirá este belicismo a Milei para tapar casos de corrupción en su gobierno? ¿O para ocultar la caída económica y el desempleo galopante? Lo concreto es que, sin pasar por el Congreso y decidiendo unilateralmente, pone en jaque la seguridad de todos los argentinos.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.