En el ajedrez político argentino, Javier Milei no solo juega con números y decretos: ha desplegado una ofensiva implacable en la «batalla cultural», invirtiendo recursos millonarios en streaming como Cárajo y redes sociales para amplificar un discurso libertario que, aunque criticado por su vacío argumental y carga de odio, ha logrado erosionar el sentido común y sostener su base electoral.

A pesar del colapso microeconómico —con cientos de empresas cerrando diariamente y un arranque nulo de la economía doméstica—, frases como «Nos salvamos de ser Venezuela», «La Argentina del bien contra la del mal» o «Si gobernaba Massa, esto era un desastre» siguen resonando en posteos virales, priorizando el rencor sobre el análisis racional.

Esta táctica, inspirada en la guerra cultural gramosciana pero ejecutada con memes, influencers y algoritmos, ha permitido al gobierno libertario ganar al menos un 30-40% de terreno perceptual en encuestas recientes sobre aprobación cultural (basado en sondeos de consultores independientes como Synopsis y Management & Fit, que miden percepción ideológica). Plataformas como X (ex-Twitter), TikTok e Instagram se han convertido en el campo de batalla principal, donde cuentas afines —muchas con vínculos directos al entorno mileísta— repiten narrativas binarias: libertad vs. populismo, sin profundizar en datos económicos que contradicen el relato. «Es un odio efectivo porque apela al miedo, no a la razón», explica un analista político consultado bajo anonimato.

Inversión en el «ecosistema libertario»: Dinero público y privado en streaming y redes

El gobierno ha canalizado posibles fondos indirectos hacia contenidos afines. Programas como Cárajo , conducidos por figuras libertarias, recibirian publicidad oficial y donaciones de adherentes, acumulando millones de visualizaciones.  Financiados por aportes de libertarios empresarios y campañas estatales disfrazadas. Esto no es casual: Milei mismo ha declarado que «la batalla cultural se gana en las redes», priorizando a los influencers sobre políticas concretas.

En X, hashtags como #NoSomosVenezuela o #MassaDesastre acumulan millones de interacciones semanales , impulsados ​​por bots y cuentas masivas. Un relevamiento de Notigital en posteos recientes muestra que el 70% de ellos carece de argumentos económicos sólidos, enfocándose en ataques ad hominem contra «la casta» o «la izquierda». Ignorando el cierre de 15.000 pymes en 2025 según datos de la Cámara Argentina de Comercio.

El costo: Odio por encima del sentido común

Tal es el éxito de esta estrategia que, pese al «desastre económico» —inflación reprimida pero presente, dólar blue disparado y recesión profunda—, la imagen positiva de Milei se mantiene en torno al 40% (encuestas Poliarquía, abril 2026). El odio predomina: encuestas muestran que el 60% de los libertarios rechazan dialogar con opositores, viendo todo disenso como «populismo». Esto frena el pensamiento colectivo: ¿Cómo debatir reformas si la relación cultural demoniza al «enemigo»?

Críticos como el sociólogo Carlos Fara advierten: «La batalla cultural de Milei no construye, divide. Gana elecciones, pero pierde país». En Notigital, vemos cómo este loop de desinformación —efectivo, sí, pero tóxico— ahoga el análisis serio, dejando a Argentina en un pantano donde el meme vale más que el PIB.

¿Sostenible? Mientras la microeconomía no se despierte, el gobierno apuesta todo a esta guerra de percepciones. Pero el odio, como el endeudamiento, tiene fecha de vencimiento.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.