SANTA FE, ARGENTINA, 25 de febrero de 2026.- Lácteos Verónica acumula deudas por más de $13.600 millones en cheques rechazados y mantiene sus instalaciones de Santa Fe totalmente inactivas. La firma, propiedad de la familia Espiñeira, atraviesa un presente dramático con tres plantas paralizadas en Lehmann, Suardi y Clason, afectando directamente a 700 familias que no perciben sus salarios desde diciembre.
El impacto de que Lácteos Verónica acumula deudas millonarias
Según los registros del Banco Central (BCRA), la compañía emitió 3.896 cheques sin fondo, sumando una cifra que asfixia cualquier posibilidad operativa inmediata. Además de los compromisos bancarios con entidades como Nación, BBVA y Santander, se estima una deuda de US$ 60 millones con tamberos y diversos proveedores locales.
Cerca de 150 productores de leche de la provincia de Santa Fe se unieron recientemente para reclamar el pago de mercadería entregada. Es evidente que el hecho de que Lácteos Verónica acumula deudas con su cadena de suministros derivó en el cese total de la producción propia y de los contratos a fasón para terceras marcas que sostenían la operatividad.
Incertidumbre laboral y riesgo de quiebra inminente
Los trabajadores denuncian atrasos salariales y una falta de respuestas por parte de la dirección de la empresa que agrava el panorama regional. En las puertas de las fábricas se realizan asambleas permanentes, mientras el gremio Atilra busca una salida legal en la Secretaría de Trabajo para evitar que los operarios queden desamparados ante una posible quiebra.
La empresa, que supo ocupar el décimo puesto en el ranking sectorial, hoy procesa cero litros de leche diarios. “Estamos abandonados, los dueños no toman una decisión ni nos informan sobre posibles inversores”, lamentó Ricardo Villarroel, reflejando el temor generalizado a la pérdida definitiva de los puestos de trabajo en este contexto donde Lácteos Verónica acumula deudas insostenibles.
El futuro de la cuenca lechera santafesina
La parálisis de las plantas en Lehmann, Suardi y Clason no solo afecta a los empleados directos, sino que genera un efecto dominó en toda la economía regional. Los tamberos locales, que ya venían golpeados por los costos de producción, ahora enfrentan la imposibilidad de cobrar por la materia prima entregada durante meses.
Expertos del sector señalan que la recuperación de la firma requeriría una inyección de capital inmediata y una renegociación profunda de sus pasivos bancarios. Mientras tanto, el mercado observa con preocupación cómo una de las marcas históricas del país se desvanece, dejando un vacío difícil de llenar en la góndola y en el corazón productivo de Santa Fe.
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