La crisis existencial que abruma a la sociedad se instala como algo normal: esa idea de «yo quería un cambio». ¿Un cambio para qué? Hace rato que se habla de cambio, pero sin sentido alguno. A veces, cambiar en política es para peor, sobre todo cuando un pueblo pierde la memoria.

Votaron un cambio «anticasta» y terminaron apoyando un gobierno nacional lleno de casta, con personajes que fueron parte de los reiterados fracasos de la Argentina. Por nombrar algunos: Sturzenegger, Luis Caputo, Patricia Bullrich, entre tantos otros.

Cuando el cambio es vacío de políticas públicas en favor de las mayorías, el resultado es siempre el mismo: mayor desocupación, cierre de PyMEs (30 por día), alimentos y servicios caros, y sueldos reducidos. Bajo la idea de «la libertad», la economía argentina se derrumba, a pesar del relato libertario. Mientras tanto, senadores y diputados aprueban leyes que destripan a la nación.

Es hora de replantearse si «los pueblos no se equivocan». El experimento de Javier Milei, con casi los mismos funcionarios que estuvieron con Macri o en la Alianza, me hace pensar que sí se equivocan… o al menos no leen la historia.

Por Claudio Gambale.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.