La empresa textil Emilio Alal anunció el cierre definitivo de sus plantas en Goya (Corrientes) y Villa Ángela (Chaco). En consecuencia, pone fin a más de un siglo de actividad industrial en la región. De hecho, la firma calificó la medida como “extrema” y tomada “con gran pesar”.
Una crisis competitiva e importaciones
Según la compañía, el cierre responde a un contexto económico inviable. Principalmente, se debe a la pérdida de competitividad frente al ingreso masivo de importaciones, que incluyen hilados, telas y ropa usada. Además, hay una caída sostenida del consumo interno.
Costos elevados y crisis cambiaria
Por otro lado, el sector enfrenta costos operativos crecientes en lo financiero, laboral y energético. Asimismo, soporta una carga impositiva alta y un atraso cambiario. En conjunto, estos elementos debilitan estructuralmente a la industria textil.
El golpe final: la cadena comercial
Sin embargo, la situación empeoró en semanas recientes. Específicamente, un fuerte deterioro en la cadena de comercialización y cobranzas comprometió el flujo de fondos. Por lo tanto, hizo inviable el funcionamiento diario.
Esfuerzos infructuosos y crisis sectorial
A pesar de los esfuerzos por diversificar la producción y su historial exportador, la empresa no superó el escenario adverso. En otras palabras, este cierre no es un caso aislado, sino un reflejo de la crisis generalizada del sector manufacturero.
Reconocimiento al personal y esperanza a futuro
Con todo, la empresa reconoció con emotividad el “profundo impacto social y humano” del cierre. Por ejemplo, agradeció especialmente a sus trabajadores. Finalmente, expresó su esperanza en que se generen “condiciones económicas que permitan la recuperación del entramado productivo y el empleo”.