El 21 de enero de 1961 arrancaba la primera edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, en el corazón de Punilla, Córdoba, sobre la ruta nacional 38.
Un grupo de vecinos entusiastas, liderados por el Dr. Reinaldo Wisner, Dr. Alejandro Guinder, Santos Sarmiento y otros como Germán Cassenave, impulsó esta iniciativa para promover el turismo veraniego y reactivar la economía local, separando las fiestas religiosas de octubre de un gran espectáculo cultural.
El evento superó expectativas con artistas como Jaime Dávalos, Aníbal Sampayo, Alberto Lona y delegaciones de casi todas las provincias argentinas, que llenaron un escenario improvisado cortando la ruta. Esta humilde «Semana de Cosquín», derivada de festejos previos en 1958-1959, atrajo multitudes ávidas de zambas, chacareras y malambo, consolidándose como el mayor encuentro folklórico del país y uno de los más importantes de Latinoamérica. El éxito rotundo llevó, en 1963, al presidente José María Guido a declarar por Decreto 1547/63 la última semana de enero como Semana Nacional del Folklore, con Cosquín como sede oficial.
Desde entonces, el festival creció exponencialmente: en 1967 Atahualpa Yupanqui ganó el primer premio y en 1972 el escenario principal lleva su nombre. Han pasado íconos como Jorge Cafrune, Mercedes Sosa, Los Chalchaleros, Los Fronterizos y modernas estrellas como Soledad Pastorutti o Los Nocheros, atrayendo hasta 300 mil personas por edición. Para 2026, en su 65° aniversario, Cosquín sigue siendo capital del folklore argentino, un bastión de identidad nacional ante la globalización musical.
Orígenes y Contexto
Nacido en un valle de sierras conocido por sus termas, el festival respondió a la necesidad de proyectar Cosquín más allá de su estigma termal del siglo XX. La Comisión Municipal de Turismo y Fomento, electa en asamblea popular en 1960, organizó ad honorem un programa con cantos, danzas y música tradicional, ganando apoyo municipal y provincial.
Impacto Actual
Hoy, con peñas, concursos y delegaciones latinoamericanas, fomenta empleo y orgullo cultural en Córdoba. En 2025 celebró 65 años como símbolo de unidad argentina, resistiendo cambios con poncho al viento.