Hoy se conmemora un hito en la literatura universal: el 12 de enero de 1976, fallecía en su residencia de Winterbrook House, en Wallingford, Inglaterra, Agatha Christie, la prolífica escritora y dramaturga británica considerada la maestra indiscutible del género policial. Con 85 años a cuestas, su partida dejó un vacío en el mundo de las letras, pero su legado perdura como uno de los más vendidos de la historia, superando incluso los números de William Shakespeare y solo por detrás de la Biblia.
Nacida el 15 de septiembre de 1890 en Torquay, Devon, como Agatha Mary Clarissa Miller, Christie transformó el misterio en un arte accesible y adictivo. Durante su prolífica carrera, publicó 66 novelas policiales, 14 relatos cortos y más de una docena de obras teatrales, muchas de ellas protagonizadas por sus icónicos detectives: el meticuloso Hércules Poirot, con su bigote impecable y acento belga, y la astuta Miss Marple, una solterona de pueblo con una intuición letal. Obras como Diez negritos (1939), Muerte en el Nilo (1937) y El asesinato de Roger Ackroyd (1926) revolucionaron el género con giros inesperados, pistas sutiles y finales que dejaban al lector boquiabierto.
Su impacto trasciende fronteras. Christie es la autora más traducida de la historia, con más de dos mil millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. En Argentina y Latinoamérica, sus historias han sido devoradas por generaciones, adaptadas al cine, la televisión y el teatro, inspirando desde películas clásicas como Asesinato en el Orient Express (1974) hasta series modernas de Netflix y BBC. En nuestro país, editoriales como Emecé y Sudamericana impulsaron su popularidad en los años 40 y 50, convirtiéndola en lectura obligada para aficionados al suspense.
Más allá de sus tramas ingeniosas, la vida de Christie fue un misterio en sí misma. En 1926 protagonizó un escándalo al desaparecer por 11 días tras la infidelidad de su esposo, un episodio que alimentó teorías y hasta un posible asesinato en sus propias novelas. Farmacéutica de formación –experiencia que usó para idear venenos perfectos–, también fue una viajera incansable, arqueóloga aficionada y defensora del rol de la mujer en la sociedad eduardiana.
Cuatro décadas después de su muerte, Agatha Christie sigue vigente. Sus adaptaciones cinematográficas recientes, como las de Kenneth Branagh, y el auge de podcasts y true crime la mantienen en el radar de lectores jóvenes. En un mundo saturado de thrillers, su fórmula –el crimen perfecto resuelto por la lógica humana– recuerda que el mejor misterio está en lo cotidiano.