El 3 de enero de 1961, el presidente John F. Kennedy formalizó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, un hito que marcó el comienzo de más de seis décadas de tensiones bilaterales.

Esta decisión, impulsada por el ascenso al poder de Fidel Castro en 1959 y las reformas revolucionarias que nacionalizaron propiedades estadounidenses sin compensación, llevó al cierre inmediato de la embajada de EE.UU. en La Habana. Miles de cubanos exiliados celebraron la medida en Miami, mientras en la isla caribeña se intensificaba la retórica anticomunista de Washington.

El contexto era explosivo: apenas un año antes, la fallida invasión de Bahía de Cochinos por exiliados cubanos respaldados por la CIA había debilitado la posición de Kennedy, quien optó por la ruptura diplomática para aislar al régimen castrista en el hemisferio occidental. Esta acción pavimentó el camino para la Crisis de los Misiles de 1962, el embargo económico total impuesto ese mismo año y una política de contención que definió la Guerra Fría en América Latina.

Las relaciones parecieron vislumbrar un deshielo en diciembre de 2015, gracias a la mediación del papa Francisco, quien facilitó el restablecimiento de lazos bajo Barack Obama. Sin embargo, en junio de 2017, Donald Trump revirtió el avance al restringir viajes, remesas y comercio, ratificando el embargo que hoy suma más de 60 años y cuesta a Cuba miles de millones en pérdidas anuales, según estimaciones de la ONU.

Hoy, con la fecha exacta del aniversario, el episodio recuerda cómo una decisión de 1961 sigue moldeando la geopolítica regional. Expertos advierten que, sin un nuevo impulso diplomático, el bloqueo persiste como obstáculo para la integración latinoamericana, en un mundo donde Cuba busca aliados en Rusia y China.

 

Con AFP.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.