En medio de un vendaval de escándalos que parece hundir al barco mileísta —desde el caso $Libra, las coimas en Andis, los créditos millonarios del Banco Nación a funcionarios y diputados libertarios, hasta las sombras sobre el enriquecimiento de Manuel Adorni—, surge como un rayo la denuncia de un presunto espionaje ruso al gobierno argentino, con supuestos pagos a medios locales. ¿Casualidad o timing perfecto? La pregunta late en el aire, y por ahora, no hay respuestas judiciales que la despejen.

La investigación, impulsada por una presunta filtración colectiva de periodistas, ha generado un estruendo ensordecedor en redes y portales. Sin embargo, figuras como Hugo Alconada Mon, en una nota para La Nación, admite que no hay registro confirmado de esos pagos a medios. Nada en la Justicia lo avala aún. Es, por tanto, humo periodístico en potencia, que explota justo cuando el gobierno flaquea económicamente y acumula causas como fichas de dominó.

Recordemos el contexto geopolítico: funcionarios mileístas llevan años fustigando a Rusia y China, pilares de los BRICS, alineándose con Occidente en un mundo polarizado. ¿Espías rusos pagando a periodistas para desestabilizar? Suena plausible en tiempos de guerra híbrida, pero también conveniente para un Ejecutivo acorralado. Generar ruido así no es nuevo; en gobiernos tambaleantes, las «investigaciones colectivas» sin sustento judicial suelen ser munición para opositores o distracciones para oficialismos.

Apresurarse a tildarlo de «fake news» y desatar una cruzada de influencers para desmentirlo sería contraproducente. Tapar el sol con la siepe no borra las nubes de corrupción real que sí tienen eco judicial. Al revés: invita a esperar pruebas, con pinzas, sin propaganda ni linchamientos prematuros. ¿Salvavidas mediático para Milei o pista de un complot genuino? Solo el tiempo, y una Justicia independiente, lo dirá. Mientras, el lector merece hechos, no ecos.

 

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.