El 13 de febrero de 1812, el prócer Manuel Belgrano, abogado, periodista y militar, elevó una solicitud histórica al Primer Triunvirato de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Pidió adoptar una escarapela celeste y blanca para identificar al Ejército en la lucha por la independencia contra la corona española.

Este gesto, oficializado recién el 18 de mayo de ese año, se convirtió en el emblema en un ícono eterno de la argentinidad.

Belgrano, inspirado en los colores de la Virgen de Luján y el cielo rioplatense, buscaba un distintivo simple pero poderoso para unir a las tropas en el campo de batalla. La escarapela no solo sirvió como uniformidad visual durante las campañas del Norte, sino que trascendió la guerra para convertirse en símbolo nacional. Hoy, obligatorio en actos oficiales y prendas cotidianas, recuerda el ingenio de un hombre que combinó estrategia militar con fervor patrio.

En un contexto de creciente interés por las raíces independentistas, especialmente en vísperas de bicentenarios, esta efeméride invita a reflexionar sobre la identidad argentina. ¿Cuántas veces hemos lucido la celeste y blanca sin conocer su origen belgraniano? En Buenos Aires y provincias, conmemoraciones anuales en plazas y escuelas reviven ese pedido humilde que forjó nuestra bandera simbólica. Notigital celebra este hito recordando que, como dijo Belgrano, «la unión hace la fuerza».

Con NA.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.