Buenos Aires,20 de mayo 2026. La “tormenta del Niño” parece haberse adelantado para el gobierno nacional de Javier Milei y el famoso “triángulo de hierro”, integrado por Karina Milei, Santiago Caputo y el propio Presidente, comienza a mostrar señales de desgaste y fisuras internas.
La Argentina ya no enfrenta solamente una crisis económica. A esa situación se le suman problemas sociales y políticos cada vez más profundos. Las tres patas que supuestamente sostenían al Gobierno empiezan a resquebrajarse, no necesariamente por diferencias en el plan económico, sino por disputas de poder que aparentan esconder algo mucho más delicado.
Las denuncias y sospechas de posibles hechos de corrupción empiezan a rodear a distintos sectores del oficialismo. Casos como ANDIS, $Libra o las polémicas vinculadas a Manuel Adorni alimentan un clima de incertidumbre, aunque la Justicia todavía no haya avanzado de manera contundente.
Desde hace más de un mes circulan rumores sobre una supuesta pelea entre los hermanos Milei. A partir de allí, muchos comenzaron a sacar conclusiones sobre las reiteradas apariciones mediáticas del Presidente en distintos streamings, donde se lo observó menos enérgico que de costumbre, más cansado y con señales de desgaste.
Si hay algo que suele marcar el comienzo de la caída de un gobierno es cuando la “mesa chica” deja de funcionar. Hoy, tanto en la Casa Rosada como en Olivos, las fisuras parecen multiplicarse. Cada día surge un nuevo conflicto político, económico o judicial que termina bajo investigación o generando nuevas tensiones.
Mientras tanto, la Argentina continúa desangrándose socialmente. La imagen presidencial cae mes tras mes, pese a los intentos del oficialismo por instalar que una porción importante de la sociedad todavía apuesta por un cambio que, para muchos, solo está destruyendo el entramado social y productivo.
La crisis golpea en distintos frentes: el PAMI, la seguridad, el aumento de las prepagas, el cierre de PyMES, los despidos de trabajadores registrados y el crecimiento del empleo informal. Todo eso hace pensar que una eventual reelección de Milei parece hoy mucho más lejana que hace algunos meses.
La conflictividad social sigue escalando y algunos incluso comienzan a preguntarse si el deterioro podría alcanzar niveles similares —o peores— a los de 2001. La gran incógnita es hasta cuándo la sociedad soportará vivir en medio del ajuste, la incertidumbre y el deterioro constante de su calidad de vida.
Pero también aparece otra pregunta de fondo: ¿por qué tanto odio? ¿Vamos camino hacia una sociedad cada vez más inhumana? ¿Cuándo despertará una parte de la sociedad que parece haberse acostumbrado a bajar la cabeza?
Muchos callan por cansancio, otros por miedo y otros simplemente por odio al pasado. Incluso periodistas que años atrás levantaban la bandera del “queremos preguntar” hoy guardan silencio frente a los ataques permanentes contra trabajadores de prensa que no opinan en línea con el Gobierno.
Entonces surge otra pregunta inevitable: ¿cuál es realmente el cambio? ¿Menos democracia? ¿Menos pluralidad de voces?
La ultraderecha suele prometer libertad, pero históricamente termina ofreciendo más opresión, más represión, menos democracia y menos soberanía. Un camino sin rumbo claro ni horizonte social.
No, quizás la Argentina no vaya camino a convertirse en Venezuela, como muchos repetían durante la campaña electoral. El riesgo, para algunos sectores, es terminar pareciéndose más a ciertos países de África, donde una minoría concentra las riquezas y los privilegios del poder mientras la mayoría apenas sobrevive en medio de la pobreza extrema.