En tiempos de incertidumbre en Argentina, como alguna vez dijo el expresidente de Uruguay: “Lo único que no puedes comprar en el supermercado, porque no se vende, es tiempo”. Esa frase remite a una idea central: la política debería resolver las cuestiones básicas de la vida para que el salario alcance para vivir, y no para vivir trabajando.
En la Argentina de Milei, con la media sanción de la Reforma Laboral, parece haberse implementado una especie de supermercado donde, si bien no venden tiempo, te lo quitan. Esa batalla cultural de la derecha ha impregnado fuertemente al país, pionero en materia de derechos laborales, y ha convencido a muchos ciudadanos de que el esfuerzo —aunque implique trabajar 12 horas diarias o fraccionar las vacaciones a conveniencia del empleador— siempre vale la pena.
Sin embargo, la sociedad cambió profundamente con la llegada de plataformas como Uber, Rappi, PedidosYa, Glovo y Mercado Libre, entre muchas otras, donde la flexibilidad laboral ya existe, aun sin un marco legal plenamente aprobado. En un contexto donde una masa importante de trabajadores se desempeña en estas aplicaciones, hablarles de derechos perdidos —cuando en muchos casos ya no los tienen— puede haberlos convencido de que la llamada “modernización laboral” se los devolverá.
No obstante, la experiencia indica lo contrario. Ese modelo laboral ya fue intentado en varias ocasiones por gobiernos de corte liberal y, a la larga o a la corta, fracasó. Además, mientras países de la región y del mundo avanzan en la reducción de la jornada laboral —como México, que en menos de cuatro años llegará a las 40 horas semanales—, Argentina mantiene una semana laboral de 48 horas. El ocio y la diversión no deberían verse como un castigo ni como una pérdida de tiempo.
Bajo la lógica del esfuerzo extremo y la sobrecarga horaria, los trabajadores y trabajadoras tendrán cada vez menos tiempo para disfrutar de su vida, mientras un sector reducido de altos ingresos podrá gozar de su tiempo libre. Con la vieja promesa del “derrame”, unos pocos disfrutarán del descanso y la mayoría trabajará casi hasta el límite del agotamiento.