La publicación de una imagen de un mate con formato de Falcon verde por parte de la diputada Juliana Santillán (La Libertad Avanza) no es un gesto inocente.
Reivindica simbólicamente los métodos de la última dictadura militar, que utilizó ese vehículo para secuestrar y desaparecer a miles de argentinos. Esta actitud no es aislada: forma parte de una estrategia sistemática de negacionismo histórico que busca trivializar el terrorismo de Estado y reescribir la memoria colectiva.
En Alemania, donde el Holocausto es un delito de Estado, la negación de crímenes contra la humanidad se castiga severamente. En Argentina, en cambio, persisten aún heridas abiertas: si bien se juzgó al sistema represivo y militares de la época, hoy sectores ultraderechistas como el gobierno de Javier Milei intentan normalizar la violencia estatal. La “Memoria Completa” que promueven desde la Casa Rosada es un eufemismo para borrar las desapariciones forzadas, las torturas y los asesinatos.
Santillán, además, representa una corriente política que busca liberar a genocidas y desmantelar las instituciones de la democracia. Su accionar no es casual: busca crear un relato donde los victimarios son víctimas, mientras se criminaliza a quienes resistieron la dictadura.
La foto del mate verde no es un meme. Es un grito de complicidad con la barbarie. Mientras en otros países se honra la memoria para evitar que el fascismo resurja, en Argentina el olvido se impone desde el poder. La lucha por la verdad y la justicia sigue vigente: no permitiremos que se normalice el horror.