Santos Lugares, 21 de marzo de 2026 – Néstor Grindetti, el intendente macrista reciclado en presidente de Independiente desde abril de 2023, prometió una era de «cambios» y estabilidad para el club de Avellaneda. Tres años después, el saldo es desolador: cero títulos, una docena de entrenadores rotados como fichas de dominó y deudas que, pese a los discursos triunfalistas, siguen asfixiando al Rojo. Lo que comenzó como una revancha política del PRO tras perder Boca ante Juan Román Riquelme se ha convertido en un capricho fallido, con el club cada vez peor parado.
Cero Trofeos en una Sequía Eterna
Independiente no levanta un título oficial desde hace más de dos décadas, y la gestión Grindetti no hizo más que agravar la maldición. Ni Copas de la Liga, ni Sudamericanas, ni siquiera un Torneo Apertura: el palmarés se mantiene en blanco bajo su mando. Grindetti asumió con bombos y platillos, pero el equipo patina en la mitad de tabla de la Liga Profesional, lejos de la gloria histórica del Rey de Copas. Los hinchas, hartos, ven cómo el «cambio» solo cambió el club para peor.
Inestabilidad Deportiva: Seis Entrenadores y Cuentas en Rojo
La rotación de técnicos es el termómetro de la crisis: al menos seis DT pasaron por el banco desde 2023, desde Ricardo Zielinski hasta Julio Vaccari, pasando por Carlos Tevez y varios interinatos. Esta danza de entrenadores refleja una falta total de rumbo deportivo, con despidos express y promesas vacías de un proyecto sólido. En paralelo, las finanzas son un desastre maquillado: Grindetti jacta haber pagado 25 millones de dólares de deudas heredadas y superávits contables, pero allanamientos judiciales en 2025, inhibiciones FIFA en 2026 y nuevas deudas pendientes desmienten el relato. El club, lejos de sanearse, acumula problemas que hipotecan su futuro.
El Capricho PRO: De Boca a Avellaneda, con Odio a los Moyanos
El verdadero trasfondo es político. Tras la derrota en Boca ante Riquelme en 2019, el PRO –con Grindetti a la cabeza– vio en Independiente una revancha perfecta. Derrotar a los Moyanos, eternos rivales kirchneristas, era el trofeo soñado: discursos de «cambio institucional» contra la «mafia» anterior, aplausos de la política nacional del PRO y hasta festejos cruzados con figuras de La Libertad Avanza, que hoy capitalizan esa herencia antiperonista. Grindetti, macrista histórico que saltó al oficialismo mileista, cargó con el club como un botín electoral. Pero el «cambio» fue puro humo: sin resultados deportivos ni tranquilidad económica, Independiente se hunde mientras el PRO celebra viejas batallas en Twitter.
Hoy, con Grindetti aferrado al poder hasta fin de 2026 y opositores exigiendo elecciones anticipadas, el Rojo es un símbolo de decadencia política. Los hinchas merecen más que discursos y fotos con Milei: necesitan títulos, estabilidad y un club liberado de caprichos partidarios. Si esto es el «cambio», Avellaneda prefiere volver a los Moyanos.