En Argentina, durante años se ha intentado instalar con fuerza un gobierno liberal. Casi todos esos intentos fracasaron por un tiempo y luego volvieron a ensayarse.

En términos reales, tras la aprobación de la reforma laboral en el Senado y la baja de la edad de imputabilidad en Diputados, podemos afirmar que el gobierno nacional de Javier Milei es el primero de los experimentos libertarios que consigue sancionar leyes clave para su plan económico: un país orientado a los servicios, las importaciones y con menor peso de la industria.

Sin entrar en comparaciones que pueden resultar dolorosas, el modelo se asemeja en parte a lo que fue Chile en los últimos años: un país de servicios, con un alto porcentaje de la población que no vive mal, pero que tampoco puede considerarse clase media acomodada, y con escaso desarrollo industrial. Con las leyes que se vienen aprobando, por el momento Argentina parece encaminarse hacia ese esquema y, lamentablemente, en ese contexto sobran al menos más de 10 millones de personas.

Es cierto que no se puede mirar para otro lado. Claramente, Javier Milei, después de las elecciones de medio término y con el apoyo del PRO, logró consolidar un modelo liberal y obtener un triunfo contundente frente a la oposición. Si no partimos de reconocer esa base, es imposible intentar enamorar a un pueblo que, evidentemente, muestra estar de acuerdo con este modelo.

A pesar de los despidos, del cierre de unas 30 pymes por día, del deterioro industrial, de las deudas impagables, de los tarifazos y de la gente que no llega a fin de mes, es evidente que el gobierno nacional puede cantar victoria.

Por Claudio Gambale.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.