El 1 de marzo de 1879, Bolivia entró en «estado de guerra» contra Chile, desencadenando la Guerra del Pacífico, un conflicto por el control del salitrero de Antofagasta y el acceso marítimo.
El avance chileno sobre la población boliviana en esa región, rica en nitratos, rompió el frágil equilibrio. Perú se alió con Bolivia por un tratado secreto, pero ambos países terminaron derrotados: Chile anexó el Litoral boliviano y Tarapacá peruano, dejando a Bolivia sin salida al mar desde 1884.
Este episodio, que duró hasta 1884, fue impulsado por la codicia económica durante la fiebre del guano y el salitre. Líderes como Hilarión Daza (Bolivia) y Aníbal Pinto (Chile) protagonizaron batallas navales épicas, como la de Iquique, inmortalizada en la hazaña del capitán Arturo Prat. Bolivia perdió 120.000 km², y Perú vastas zonas costeras. El tratado de paz de 1904 selló la pérdida boliviana, que aún reclama su «mar perdido» en foros internacionales.
En el contexto actual, con tensiones por recursos en la región, esta efeméride resuena. Bolivia mantiene viva su demanda ante la ONU, recordando cómo las guerras por materias primas redibujan mapas. Un llamado a la diplomacia en Sudamérica.