El 2 de febrero de 1709, el marino escocés Alexander Selkirk fue rescatado por el buque mercante Duke tras cuatro años náufrago en una isla desierta del Pacífico central. Su odisea de supervivencia inspiró «Robinson Crusoe» (1719), la novela de Daniel Defoe que vendió millones y definió el género de aventuras.

Selkirk, de 27 años, zarpó en 1703 como segundo capitán del Cinque Ports, en una expedición inglesa contra españoles en el Pacífico. Descontento con la nave averiada, exigió desembarcar en la isla Más a Tierra (Juan Fernández), a 670 km de Chile. Equipado con armas, herramientas y Biblias, sobrevivió cazando cabras silvestres, construyendo refugios y leyendo la Escritura. Aprendió a curtir pieles y encendió fuego con pedernales, resistiendo soledad y tormentas.

Capitaneados por William Dampier, los Duke y Duchess lo hallaron demacrado pero hábil. Su relato, publicado en 1712, cautivó a Defoe, quien ficcionalizó la historia con elementos morales y coloniales. Crusoe, como Selkirk, enfrenta caníbales y siembra cultivos, simbolizando el triunfo individualista del hombre blanco sobre la naturaleza. La isla, renombrada Robinson Crusoe en 1966 por Chile, es Parque Nacional desde 1972.

Esta efeméride trasciende la literatura: inspira debates sobre aislamiento y resiliencia. En Latinoamérica, conecta con la independencia chilena, ya que las islas Juan Fernández fueron base de corsarios contra España. Hoy, atraen 15.000 turistas anuales para senderismo y avistaje de pingüinos. Estudios genéticos confirman cabras descendientes de las de Selkirk.

Para lectores de Notigital, evoca aventuras rioplatenses como las de Fitz Roy en el Beagle. En tiempos de pandemias, su historia resuena como metáfora de cuarentenas voluntarias. Películas como «Crusoe» (1988) y series mantienen vivo el mito.

Con AFP.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.