El 7 de enero de 1956, Nikola Tesla, el visionario inventor serbio que revolucionó el mundo con la corriente alterna, fallecía en una habitación humilde del Hotel New Yorker de Nueva York a los 86 años. Nacido el 10 de julio de 1856 en Smiljan, actual Croacia, Tesla dejó un legado de innovaciones que iluminaron el siglo XX, aunque su vida estuvo marcada por el olvido, la pobreza y una feroz rivalidad con Thomas Edison.

Tesla llegó a Estados Unidos en 1884 con apenas cuatro centavos en el bolsillo y una carta de recomendación que lo presentó ante Edison como «el otro gran hombre de este tiempo». Sin embargo, su genio chocó de inmediato con el pragmatismo del magnate estadounidense. Mientras Edison defendía la corriente continua –limitada a distancias cortas–, Tesla abogaba por la alterna, capaz de transmitirse a cientos de kilómetros con menos pérdidas. Esta discrepancia desató la llamada «Guerra de las Corrientes», un duelo épico que definió el futuro energético del mundo.

Renunciado por Edison, Tesla se alió con George Westinghouse, quien compró sus patentes por 60.000 dólares y dos acciones por cada motor fabricado. La victoria llegó en 1893, cuando la corriente alterna iluminó la Feria Mundial de Chicago y, poco después, las Cataratas del Niágara. Westinghouse venció en las pujas urbanas: un solo generador bastaba para electrificar ciudades enteras, frente a la red densa de generadores edisonianos. Edison contraatacó con propaganda siniestra, promoviendo la electrocución con corriente alterna en la silla eléctrica para asociarla con la muerte, pero fue en vano. El banquero JP Morgan intervino, desplazando a Edison y dividiendo el mercado entre Westinghouse y la nueva General Electric.

INVENTOS VISORARIOS Y UNA FORTUNA DISIPADA

Tesla patentó más de 300 inventos, incluyendo el motor de inducción, el transformador, el control remoto, las bases del radar y la radio –aunque perdió batallas legales contra Marconi–. Soñaba con transmitir energía inalámbricamente por el planeta, una quimera que lo llevó a la ruina. Amasó una fortuna con sus patentes, pero la dilapidó en experimentos extravagantes y en filantropía, renunciando incluso a regalías millonarias para salvar a Westinghouse.

A diferencia de Edison, el «hombre que perdió la guerra eléctrica» ​​según el cronista Juan Forn, Tesla era un autodidacta excéntrico: estudió ingeniería y física en Graz y Praga sin graduarse, devorando bibliotecas con 72 tazas de café diarias al estilo de Voltaire. Frecuentó a Mark Twain y compositores como Paderewski, pero terminó sus días solo, alimentando palomas en Central Park y viviendo en una modesta pensión de Westinghouse.

RIVALIDAD ETERNA Y RECONOCIMIENTO PÓSTUMO

La enemistad con Edison perduró. En 1915, ambos fueron candidatos al Nobel de Física, pero el premio se canceló por la fiebre de apuestas en EE.UU. Tesla rechazó compartirlo: «Soy un descubridor, no un simple inventor». En 1917, irónicamente, recibió la Medalla Edison de oro, que vendió para pagar sueldos atrasados.

Tras su muerte, el FBI confiscó sus papeles por temor a secretos bélicos, pero su reivindicación llegó décadas después. Hoy, Tesla es ícono de la innovación, con su nombre en autos eléctricos y unidades de medida magnética. Su historia recuerda cómo los visionarios a menudo pierden ante el capital y la competencia despiadada.

En Notigital recordamos esta efeméride como un homenaje al genio que electrificó el mundo, pero pagó caro su idealismo.

 

Con AFP.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.