Hoy, 11 de enero, Argentina celebra el Día Nacional de los Gastronómicos, una fecha que desde 1946 rinde homenaje a los trabajadores pizzeros, pasteleros, confiteros, heladeros y alfajoreros, esos invisibles héroes que endulzan y calientan el paladar de millones de compatriotas. Instituido por el Sindicato de Pasteleros, Confiteros, Pizzeros, Heladeros y Alfajoreros (SPIHCA), este día conmemora la lucha por derechos laborales en un oficio que define nuestra identidad cultural.
La efeméride nació en 1946, en plena posguerra, cuando el sindicato liderado por figuras como Francisco Orlando impulsó la jornada para visibilizar las penosas condiciones de estos trabajadores. En esa época, las panaderías y confiterías eran el corazón de los barrios porteños y del interior, donde el aroma a medialunas recién horneadas y la pizza tabaquiteña unían familias y amigos. Hoy, ochenta años después, el sector enfrenta nuevos desafíos: la inflación galopante, la competencia de las cadenas multinacionales y la precarización post-pandemia. Según datos del SPIHCA, más de 200.000 trabajadores gastronómicos sostienen una industria que genera miles de millones de pesos anuales, pero con salarios que apenas cubren la canasta básica.
En Buenos Aires y el conurbano, como Caseros, el día se vive con intensidad. Confiterías icónicas como Las Violetas o Havanna ofrecen descuentos especiales, mientras heladerías artesanales como Freddo o Grido lanzan ediciones limitadas de sabores patrios: dulce de leche con malbec o alfajor extremeño. En el interior, Córdoba y Rosario multiplican las ferias gastronómicas, donde pizzeros marroquinos y pasteleros rosarinos compiten en creatividad. «Somos los guardianes del sabor argentino, desde la fugazzeta hasta el helado de sambayón», resume Luis Hlebowicz, secretario general del SPIHCA, quien reclama paritarias urgentes ante la escalada de costos de harina e insumos.
Esta fecha no solo celebra el talento manual –esa magia de transformar masa en obra maestra–, sino que invita a reflexionar sobre el rol de la gastronomía en nuestra mesa cotidiana. En un país donde el mate y la pizza son rituales sociales, los gastronómicos merecen más que un aplauso: políticas que protejan su oficio ante la automatización y el delivery impersonal.
Con NA.