París, Francia – Hace exactamente diez años, el 7 de enero de 2015, dos encapuchados irrumpieron en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo en el corazón de París y desataron una masacre que conmocionó al mundo. Doce personas murieron a tiros, entre ellas cuatro destacados dibujantes: Charb (director de la publicación), Cabu, Wolinski y Tignous. Otras vez resultaron heridas, cuatro de ellas de gravedad. El atentado, reivindicado por la rama de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), fue una respuesta brutal a las caricaturas irreverentes de la revista que satirizaban al islam ya figuras religiosas.
Los atacantes, los hermanos Saïd y Chérif Kouachi, irrumpieron gritando «Alá es grande» y «Vengamos al Profeta», según testigos. Armados con kalashnikovs y un lanzacohetes, barrieron con todo a su paso durante diez minutos infernales. La policía francesa desplegó un operativo masivo que culminó dos días después en una imprenta cercana a París, donde los hermanos fueron abatidos. Paralelamente, un cómplice, Amedy Coulibaly, perpetró otro ataque en un supermercado kosher, dejando cuatro muertos judíos antes de ser eliminados.
La masacre desató una ola de solidaridad planetaria bajo el lema «Je suis Charlie» , que se viralizó en redes sociales, manifestaciones masivas y portadas de medios globales. Millones marcharon en París y otras ciudades, con líderes mundiales a la cabeza, defendiendo la libertad de expresión. Sin embargo, el aniversario invita a una reflexión crítica: ¿fue solo un grito por la libertad o también un debate sobre los límites de la sátira en un mundo multicultural?
En Argentina, el eco fue inmediato. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner condenó el atentado y se sumó al «Je suis Charlie», mientras intelectuales como Jorge Asís cuestionaban si la provocación no alimentaba el extremismo. Hoy, Charlie Hebdo resurge con ediciones controvertidas, como la republicación de las caricaturas de Mahoma en 2020, que antecedió a la decapitación del profesor Samuel Paty en Francia. El actual director, Laurent «Riss» Sourisseau, uno de los heridos graves, advierte: «No nos rendiremos, pero el miedo persiste».
El legado del 7-E divide opiniones. Para unos, simboliza la defensa irrestricta del humor; para otros, exponen fallas en la integración y el radicalismo islámico. En un 2026 marcado por tensiones geopolíticas, el aniversario recuerda que la libertad de prensa es frágil, pero indispensable. ¿Cuánto hemos avanzado en combatir el terrorismo sin sacrificar el derecho a la burla?
Notigital recuerda a las víctimas y reafirma: la pluma, aunque satírica, es más fuerte que el plomo.