El 17 de enero de 1817, el general José de San Martín iniciaba uno de los capítulos más heroicos de la historia americana: el Cruce de los Andes. Al mando de cerca de 4.000 hombres del Ejército de los Andes, el libertador cruzó la imponente cordillera para liberar Chile y pavimentar el camino hacia la independencia del Perú y Bolivia. Esta hazaña, considerada una de las más audaces de la guerra de independencia, no solo desafió las alturas de más de 4.000 metros, sino también el hambre, el frío extremo y las avalanchas que cobraron cientos de vidas.
San Martín, con su genio estratégico, dividió su ejército en cinco columnas para sortear las defensas realistas. Partieron desde Mendoza, Argentina, con mulas cargadas de víveres y un espíritu indomable. El 12 de febrero, ya en suelo chilino, vencieron en la batalla de Chacabuco, allanando el camino para la libertad sudamericana. «Somos libres», proclamó San Martín, pero el precio fue alto: solo 3.200 hombres llegaron con vida.
En Argentina, este evento se celebra como símbolo de unidad y coraje patrio. Cada año, en vísperas del aniversario, se realizan actos en la Casa de Gobierno y en el santuario de Uspallata, donde San Martín juró su plan continental. Historiadores como Félix San Martín, descendiente del prócer, destacan su visión geopolítica: «No era solo una marcha, era el nacimiento de naciones soberanas». Hoy, en medio de debates sobre soberanía en la Patagonia y Malvinas, el Cruce recuerda que la libertad se conquista con sacrificio colectivo.
Para los lectores de Notigital, esta efeméride invita a reflexionar sobre el legado sanmartiniano en tiempos de desafíos regionales. En Latinoamérica, donde persisten tensiones independentistas, el mensaje perdura: la unidad trasciende montañas.