El 6 de febrero de 1826 marcó un hito fundacional en la historia argentina: el Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata aprobó la Ley de Presidencia, creando por primera vez el cargo de Presidente de la Nación. Bernardino Rivadavia fue designado para el puesto, asumiendo como el primer mandatario en un contexto de consolidación independentista tras las guerras contra España y Brasil.
La ley no solo institucionalizó el Ejecutivo, sino que nombró a sus primeros ministros: Julián Segundo de Agüero en Gobierno, Carlos María de Alvear en Guerra y Marina, Francisco Fernández de la Cruz en Relaciones Exteriores, y Salvador María del Carril en Hacienda. Esta estructura buscaba estabilizar un país fragmentado por unitarios y federales, en medio de la crisis por la Guerra con Brasil y la necesidad de un gobierno centralizado.
Rivadavia, intelectual y reformista, impulsó medidas modernas como la libertad de cultos y la educación laica, pero su presidencia duró poco: renunció en 1827 amid crecientes tensiones regionales. Este evento sentó las bases del sistema presidencialista argentino, influyendo en la Constitución de 1853. Hoy, evoca debates sobre centralismo porteño versus autonomías provinciales, un dilema que persiste en la política actual.
En Notigital recordamos esta efeméride como el nacimiento del liderazgo ejecutivo que moldeó la identidad nacional, recordándonos la fragilidad de las instituciones en tiempos de cambio.