El 21 de enero de 1506, en pleno Renacimiento, el papa Julio II fundaba la Guardia Suiza Pontificia, el cuerpo militar más antiguo del mundo aún en servicio activo.
Esta unidad élite, compuesta por reclutas suizos conocidos por su lealtad y destreza en combate, se creó para proteger al pontífice y al Vaticano ante las amenazas de invasiones y conflictos europeos. Su cuartel general se ubica frente al Palacio Apostólico, en la Plaza de San Pedro, donde hoy custodian con uniformes renacentistas diseñados por Miguel Ángel.
La historia de la Guardia nace de una tradición mercenaria suiza, famosa desde el siglo XV. Julio II, un papa guerrero apodado «el Terrible», los contrató tras la Batalla de Marignan, donde demostraron valor. El 6 de mayo de 1527, en el Saqueo de Roma, 147 guardias murieron defendiendo a Clemente VII, un sacrificio que selló su leyenda. Hoy, suman unos 135 miembros, seleccionados por rigurosos exámenes físicos, morales y de fe católica. Deben ser solteros, suizos y católicos practicantes.
En Argentina, con una fuerte presencia católica, la Guardia Suiza evoca devoción y tradición. El papa Francisco, argentino de origen, ha elogiado su rol simbólico en visitas como la de 2013. En un mundo de amenazas modernas como el terrorismo, estos «mosqueteros del Papa» combinan alabardas medievales con entrenamiento en armas automáticas, simbolizando la perennidad de la fe.
Su juramento anual el 6 de mayo recuerda el heroísmo eterno. Para Notigital, esta efeméride invita a reflexionar sobre lealtad en tiempos turbulentos, un legado que trasciende fronteras vaticanas.