Hoy se conmemora el inicio de uno de los episodios más sangrientos de la historia obrera argentina: la Semana Trágica de 1919. Todo comenzó en el barrio porteño de San Cristóbal, frente a los talleres metalúrgicos de la empresa Vasena, cuando la policía reprimió brutalmente a los obreros en huelga, dejando un saldo inicial de cuatro muertos y decenas de heridos. Este hecho, ocurrido un mes después del estallido del paro por mejoras salariales, desató una huelga general que paralizó Buenos Aires durante una semana, con choques violentos entre trabajadores, fuerzas de seguridad y grupos paramilitares hasta el 14 de enero.
Los obreros de Vasena, en su mayoría anarquistas e inmigrantes, exigían aumentos salariales del 50% ante la carestía de vida post Primera Guerra Mundial. La huelga había comenzado el 7 de diciembre de 1919, pero la gota que colmó el vaso fue la represión del 7 de enero. Policías a caballo ya pie cargaron contra los manifestantes armados con piedras y palos, disparando a quemarropa. Los cuerpos de los primeros caídos –identificados después como trabajadores humildes– quedaron regados en la calle Magallanes, marcando el comienzo de la escalada.
La respuesta del gobierno radical de Hipólito Yrigoyen fue inmediata y dura: militarizó la ciudad de Buenos Aires, desplegando el Ejército bajo el mando del general Pablo Riccheri. Se formó la Liga de Residentes de la República Argentina, un grupo de civiles armados por la patronal y la oligarquía, que actuó como fuerza parapolicial contra «los agitadores». En los días siguientes, los enfrentamientos se extendieron por La Boca, Avellaneda y el centro porteño. Se estima que murieron entre 700 y 1.500 personas –cifras oficiales hablan de 144, pero historiadores como Osvaldo Bayer las multiplican por diez–, con millas de detenidos y torturados en comisarías.
La Semana Trágica no fue solo una represión obrera: expuso las profundas divisiones sociales en la Argentina de los ’20, entre una clase trabajadora radicalizada por el anarquismo y el incipiente sindicalismo, y un poder estatal alineado con los intereses británicos y terratenientes. Yrigoyen, primer presidente elegido por sufragio universal masculino, prometió justicia, pero el paro se levantó el 14 de enero tras mediaciones fallidas. Vasena concedió solo migajas salariales, mientras los líderes obreros como Alberto Ghiraldo y los hermanos Di Giovanni enfrentaron la cárcel o el exilio.
Este hito histórico influyó en la legislación laboral futura, como la jornada de 8 horas en 1929, y sigue resonando en las luchas sociales argentinas. En un contexto actual de debates por salarios y represión policial, la Semana Trágica recuerda que la memoria obrera es clave para entender las desigualdades persistentes.