La noche del 2 al 3 de febrero de 1989, conocida como la «Noche de la Candelaria», marcó el fin de la dictadura más larga de Sudamérica: el general Alfredo Stroessner, quien gobernó Paraguay por 34 años con mano de hierro, fue derrocado por un golpe militar liderado por su consuegro, el general Andrés Rodríguez. Este evento, que comenzó con la toma de cuarteles en Asunción alrededor de las 21:00 hs, puso término a un régimen de represión, tortura y control absoluto del Partido Colorado, inaugurando una transición hacia la democracia.
Stroessner, electo en 1954 tras un golpe contra Federico Chaves, consolidó el poder mediante fraudes electorales, la policía secreta y alianzas con EE.UU. durante la Guerra Fría. En sus últimos años, tensiones internas en las Fuerzas Armadas y el Partido Colorado —dividido entre «militantes» y «tradicionalistas»— escalaron por su reelección a los 76 años pese a su salud frágil. Rodríguez, comandante de Caballería y yerno por el matrimonio de su hija Marta con Gustavo Stroessner, planeó el levantamiento con códigos como «Carlos» y «Víctor». Alertado por una llamada mientras visitaba a su amante, Stroessner se refugió en el Batallón Escolta Presidencial, pero fuerzas sublevadas lo rodearon.
El combate duró horas: blindados, granadas y fuego cruzado en el centro de Asunción causaron unos 30 muertos y cientos de heridos entre leales y golpistas. A las 5:00 de la madrugada del 3, bajo amenaza de granada del general Lino Oviedo, Stroessner firmó su renuncia. Rodríguez asumió el poder, prometiendo elecciones libres. El dictador partió al exilio en Brasil el 5 de febrero con familia, residiendo en Itumbiará hasta su muerte en 2006 a los 95 años. La ciudadanía celebró masivamente en las calles, gritando «¡Libertad!».
Rodríguez cumplió: en mayo de 1989 ganó elecciones con 74% de votos —las primeras democráticas—, liberó presos políticos, privatizó empresas estatales como Itaipú y permitió una nueva Constitución en 1992. Sin embargo, la transición fue controvertida: muchos represores quedaron impunes, y el coloradismo domina aún la política paraguaya. Historiadores lo ven como quiebre necesario, pero incompleto, comparándolo con el fin de Pinochet en Chile.
Para Notigital, esta efeméride resuena en el Cono Sur: a 37 años, Paraguay conmemora el 3 de febrero como Día de la Libertad, con actos en Asunción y debates sobre memoria histórica. En Argentina vecina, evoca lecciones sobre dictaduras eternas y golpes «blandos». Stroessner, el sudamericano que más duró en el poder, nos recuerda: la libertad llega, pero consolidarla cuesta décadas.
Con AFP.