En la Argentina de Milei, una bomba sanitaria está a punto de estallar, y el silencio mediático es ensordecedor. Obras sociales agonizan por falta de pagos y coberturas, dejando a miles de afiliados sin prestaciones esenciales. Las prepagas,  escalan precios a ritmos inalcanzables para los trabajadores, expulsando a la masa media del sistema privado directo al abismo del público, ya saturado y desbordado.

El colapso es evidente: turnos que demoran meses para consultas básicas, pacientes crónicos mendigando descuentos superiores al 40% en un circo burocrático. La supuesta «digitalización» prometida como salvavidas se convirtió en un laberinto de glitches y denegaciones, mientras las obras sociales tercerizan prestaciones y abandonan a sus afiliados a la deriva. Sumemos el boom de problemas de salud mental, alimentado por la incertidumbre eterna: «¿Cuándo me atienden? ¿Aceptarán mi obra social en esta clínica?».

Este no es un problema heredado; es un agravamiento deliberado bajo el gobierno actual. Antes funcionaba a ponchazos, pero hoy es un caos total que nadie agenda en portales ni diarios. ¿Por qué la salud –nuestro bien más preciado– queda relegada? Exigimos que se ponga en tapa: ¡basta de ignorar el derrumbe sanitario que nos condena a todos!

Por Claudio Gambale.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.