Ganadora de dos Oscars en los ’30 por Peligrosa (1935) y Jezabel (1938), fue nominada 11 veces, un récord en su era. Icono de personajes complejos, brilló en La carta, La loba, La malvada y el terror psicológico de ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), junto a Joan Crawford, su eterna rival.
Davis rompió moldes en un Hollywood machista: fumaba en pantalla, desafiaba directores y encarnaba mujeres fuertes, independientes y a veces crueles. Su frase «Vieja pero no acabada» capturó su espíritu indomable. Falleció en 1989 en Francia, dejando 100 películas y un legado que influye en actrices como Meryl Streep.
En Argentina, Davis llegó vía cines porteños y TV; sus films se proyectaban en el Cine Gran Rex o en ciclos de Filmus. Hoy, con streaming, revive en plataformas como Netflix. Su nacimiento coincide con efemérides culturales que celebramos: en un país de fans del cine, Davis representa la diva eterna, precursora del #MeToo al reclamar roles potentes. Su autobiografía Madre Dios, ¿qué he hecho? es lectura obligada para cinéfilos.