El 3 de enero de 1880, en la Guerra del Pacífico, fuerzas chilenas derrotaron a peruanos-bolivianos en la Batalla de la Jarrilla, cerca de Arica. Comandados por Pedro Lagos, los invasores capturaron posiciones clave, allanando el asedio a la ciudad y debilitando la alianza andina contra la expansión chilena por nitratos.
Este combate táctico decidió el control del desierto costeño.
Las bajas peruanas superaron las 400, con prisioneros enviados a Santiago, acelerando la paz de 1883 que cedió territorios a Chile. En Bolivia y Perú, se conmemora como revancha pendiente, mientras historiadores debaten su papel en la desestabilización regional del Pacífico Sur.