El 3 de febrero de 1852, en las llanuras de Caseros, Buenos Aires, el general Justo José de Urquiza aplastaba al ejército de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y caudillo federal, poniendo fin a 17 años de su dominio. Esta batalla, clave en la organización nacional argentina, forzó el exilio de Rosas a Inglaterra y abrió paso a la Constitución de 1853.

Rosas gobernaba con mano de hierro desde 1835, mediante la Mazorca y federación nominal. Urquiza, su exaliado entrerriano, rompió en 1851 aliándose con unitarios, Brasil y Uruguay contra la tiranía porteña. Rosas movilizaba 30.000 hombres, pero desmoralizados; Urquiza, con 28.000 (incluyendo brasileños y correntinos), era superior en artillería.

La batalla duró horas: cargas de lanceros, cañoneos y fuego de infantería. Urquiza ordenó avances coordinados; Rosas, herido, huyó disfrazado de gaucho. Bajas: 2.000 rosistas vs. 400 aliados. Rosas partió a Southampton, muriendo en 1877. Caseros selló el federalismo inclusivo.

Hoy, el Parque Nacional de Caseros preserva el sitio con obelisco y museo. Historiadores como José Luis Romero lo ven como fin del caudillismo. En 2022, bicentenario de Rosas, debates revivieron: ¿tirano o defensor? Para Argentina, Caseros enseña transiciones violentas hacia la unidad.

Reflexionando, Caseros interpela: ¿lecciones para nuestras divisiones políticas actuales?

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Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.