El 17 de marzo de 1992, Buenos Aires vivió uno de sus días más oscuros: el atentado terrorista contra la Embajada de Israel en la calle Arroyo, que dejó 29 muertos (incluyendo diplomáticos, empleados y transeúntes) y más de 240 heridos.

La bomba, detonada en un coche cargado con 400 kilos de explosivos, destruyó por completo la sede diplomática y el consulado, dejando un cráter en el corazón de Recoleta.

Este ataque, atribuido a Hezbollah con respaldo iraní según investigaciones judiciales, fue el segundo peor en la historia argentina, solo superado por la AMIA en 1994. La Justicia argentina y la internacional aún buscan justicia: fallos como el de la Corte Suprema en 2024 ratificaron la responsabilidad de Irán, pero los culpables siguen impunes. Sobrevivientes como el exembajador Benjamin Oron relatan el horror: «Fue un infierno en segundos».

Hoy, en el Memorial de la calle Arroyo, se honra a las víctimas en un acto que recuerda la lucha contra el terrorismo. Para Notigital, este aniversario urge a la memoria activa: ¿cuándo llegará la justicia plena? Una herida que Buenos Aires no olvida.

Con NA.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.