Hoy se cumplen 47 años de la muerte de Charles Mingus, uno de los pilares del jazz moderno, quien falleció el 5 de enero de 1979 en Cuernavaca, México, a los 56 años, víctima de la esclerosis lateral amiotrófica. Contrabajista, pianista, compositor y agitador cultural, Mingus no solo transformó el lenguaje del jazz con su fusión de bebop, blues y gospel, sino que encarnó la rebeldía social de su época, convirtiéndose en voz de los oprimidos en la América de posguerra.
Nacido en 1922 en Nogales, Arizona, en el seno de una familia afroamericana con raíces complejas —su madre era de ascendencia china y negra—, Mingus creció en Watts, Los Ángeles, un barrio marcado por la segregación racial. Su carrera despegó en la década de 1940, cuando se unió a la orquesta de Lionel Hampton, donde debutó como contrabajista. Allí, junto a figuras como Dizzy Gillespie y Charlie Parker, absorbió el frenesí del bebop, pero pronto trascendió sus límites. Colaboró con Duke Ellington, cuya influencia lo moldeó en la creación de big bands innovadoras, y formó su propia Jazz Workshop en Nueva York, un laboratorio de experimentación donde reclutaba músicos como Eric Dolphy y Clifford Jordan.
Su obra cumbre, Mingus Ah Um (1959), es un hito indiscutible del género. Grabado para Columbia Records, este disco fusiona standards revisados con composiciones originales como «Better Git It in Your Soul» y «Goodbye Pork Pie Hat», un homenaje al saxofonista Lester Young. Con su polirritmia caótica y su lirismo profundo, el álbum captura la esencia de Mingus: un jazz que no se somete a estructuras rígidas, sino que estalla en impulsos colectivos, como una conversación desbocada entre instrumentos.
Fuera de la música, Mingus era un torbellino. Activista contra el racismo —participó en protestas por los derechos civiles y denunció la segregación en el jazz—, también era un escritor provocador. Su autobiografía Beneath the Underdog (1971) es una obra maestra de ficción biográfica, donde se refiere a sí mismo en tercera persona como «mi chico» o «mi muchacho». Como describe un artículo de Página/12 sobre el libro, «toda biografía es una ficción» y la de Mingus lo es «hasta el extremo de lo posible», narrada en diálogos polifónicos al estilo de una jam session, sin un narrador que domine, evocando el caos creativo de Bajtín.
Mingus dejó un legado de más de 150 composiciones, discos como The Black Saint and the Sinner Lady (1963) y una influencia en generaciones posteriores, desde Joni Mitchell hasta el free jazz. Su muerte en México, donde buscaba alivio para su enfermedad, silenció una voz irrepetible, pero su música sigue resonando como un grito de libertad.
En Notigital recordamos a este titán, cuya vida fue tan improvisada y vibrante como sus notas.