Hace exactamente 87 años, el 5 de enero de 1939, un episodio sombrío marcaba el ocaso de una de las figuras más combativas de la política argentina. En su modesto departamento de Esmeralda 22, en el corazón de Buenos Aires, Lisandro de la Torre ponía fin a sus días con un disparo.

Su cuerpo fue descubierto por el encargado del edificio, el gallego Ramón Marque Vila, quien alertó a las autoridades. Nacido en Rosario en 1868, De la Torre había forjado una carrera como senador por Santa Fe y fundador del Partido Demócrata Progresista, siempre erigido como voz disidente en un país signado por el fraude y la corrupción.

De la Torre emergió como un radical independiente en una era de dominación conservadora. Su batalla más emblemática fue contra el Tratado Roca-Runciman, firmado en 1933, que sometía las exportaciones cárnicas argentinas a intereses británicos. En el Senado, denunció con pruebas irrefutables la podredumbre en los frigoríficos: sobornos, monopolios y un esquema que favorecía a elites en detrimento del productor pampeano. «¡Esto es un entreguismo infame!», tronaba en sus intervenciones, exponiendo documentos que revelaban comisiones millonarias para funcionarios.

El punto de quiebre llegó el 23 de junio de 1935, en pleno recinto senatorial. Durante un debate acalorado sobre los frigoríficos, un pistolero –identificado como Alberto Rodríguez o un sicario ligado a intereses carnaderos– irrumpió y disparó contra De la Torre. Las balas, sin embargo, segaron la vida de su compañero, el senador electo por Santa Fe Enzo Bordabehere, quien cayó muerto a sus pies. Herido de muerte en su espíritu, De la Torre sobrevivió físicamente pero se hundió en un ostracismo voluntario. Abandonó el Senado y la arena pública, consumido por la desilusión ante un sistema que, en su visión, devoraba a los honestos.

El suicidio no fue un acto impulsivo, sino el epílogo de un hombre hastiado. En cartas póstumas, De la Torre expresó su repudio a la «política de entregas» y la impunidad. Su muerte, a los 70 años, sacudió al país y simbolizó el costo de la integridad en tiempos de Yrigoyenismo conservador y ascenso del peronismo incipiente. Hoy, en un Argentina azotada por escándalos de corrupción y debates sobre soberanía económica, su legado resuena: la lucha contra los monopolios y el entreguismo no prescribe.

Notigital recuerda a Lisandro de la Torre como emblema de la resistencia republicana, un recordatorio de que la historia juzga a quienes callan ante la injusticia.

 

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Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.