El 12 de abril de 1951, el gobierno de Juan Domingo Perón expropió el diario La Prensa, principal voz opositora y bastión liberal de la familia Gainza Paz.
Un conflicto sindical en la redacción precipitó el decreto: el Congreso, impulsado por John William Cooke, transfirió el matutino a la CGT. Perón justificó la medida por «interés social», acusando monopolio y alineación con intereses extranjeros.
La Revolución Libertadora lo devolvió en 1956, pero La Prensa perdió avisos clasificados a manos de Clarín, de Roberto Noble, que saltó económicamente. El episodio simboliza tensiones entre peronismo y prensa: control estatal vs. libertad periodística. Hoy, evoca debates sobre medios y poder en Argentina.