Tres de Febrero 2026. Mientras el mundo celebra el histórico regreso humano a la Luna —con la misión Artemis II de la NASA que alista sus pasos finales para 2026—, varios medios argentinos no escatiman en elogios al «renacer espacial». Clarín, La Nación y hasta portales digitales como Infobae dedican portadas y columnas a exaltar el ingenio yankee, con títulos como «La Luna nos espera de nuevo» o «Humanidad al umbral del cosmos». Sin embargo, ese fervor selectivo contrasta con un silencio ensordecedor sobre el desfinanciamiento crónico de la ciencia y tecnología en Argentina bajo el gobierno de Javier Milei.

El éxodo de científicos y el colapso presupuestario son hechos irrefutables. En 2025, el presupuesto para ciencia y tecnología cayó un 32% en términos reales, según datos del Ministerio de Economía y el CONICET. Para este año, el recorte supera el 40%, con fondos que apenas cubren salarios y dejan en la cuerda floja proyectos clave como el telescopio espacial argentino o investigaciones en nanotecnología. Más de 5.000 investigadores emigraron desde diciembre de 2023, impulsados por becas congeladas y laboratorios sin insumos. El INVAP, orgullo nacional en satélites y reactores nucleares, enfrenta despidos y paralización de contratos.

Pero los grandes medios, aliados implícitos de la narrativa libertaria, prefieren mirar al cielo gringo que cuestionar la realidad local. Un repaso rápido: en las últimas semanas, Clarín publicó tres notas sobre Artemis, pero cero sobre el cierre de 15 centros de investigación del CONICET. La Nación dedicó un suplemento entero al espacio esta semana, ignorando el informe de la UNESCO que ubica a Argentina en el puesto 85 global en inversión científica (0,5% del PBI, por debajo del promedio latinoamericano). Infobae, por su parte, viralizó videos de la NASA, pero no mencionó la quiebra de la Fundación Balseiro, cuna de físicos nucleares.

Esta doble vara no es casual. Coincide con la agenda oficialista que prioriza el ajuste fiscal sobre la soberanía tecnológica. Milei, fan declarado de Elon Musk y SpaceX, celebra avances privados como Starship, pero desarma el ecosistema público que formó talentos para misiones como SAOCOM o ARSAT. ¿Es admisible aplaudir la Luna ajena mientras la nuestra se apaga? Expertos como el físico Roberto Salvarezza advierten: «Sin inversión estatal, perdemos competitividad global. Es un suicidio productivo».

La sociedad argentina merece medios que no se maravillen solo con fuegos artificiales foráneos, sino que exijan políticas para revivir nuestra ciencia. ¿O el regreso a la Luna solo emociona si no molesta al Gobierno?

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.