El 6 de abril de 1962, Glenn Gould interpretó el Primer Concierto para Piano de Brahms en el Carnegie Hall con la Filarmónica de Nueva York, dirigida por Leonard Bernstein, en un evento que rompió moldes en la música clásica. Antes de comenzar, Bernstein salió al escenario y advirtió al público sobre la «antiortodoxa» versión lenta de Gould, discrepando públicamente: «¿Quién es el jefe en un concierto?».
Transmitido por radio, el discurso de varios minutos explicitó tensiones artísticas inéditas entre director y solista.
Gould, conocido por su genio excéntrico, defendió su visión pausada contra las indicaciones dinámicas de Brahms, mientras Bernstein lo elogió como «valiente y sólido». Este suceso, calmado con humor por el director («No se asusten, Gould aparece en un momento»), simbolizó la libertad interpretativa en la música.