El 1 de abril de 1873 nació en Semiónov, Rusia, Sergei Rachmaninov, uno de los grandes compositores y pianistas del Romanticismo tardío. Su obra representa el canto de cisne de esta corriente musical, con piezas que combinan lirismo profundo y virtuosismo técnico.
Rachmaninov dejó un legado imborrable, incluyendo cuatro conciertos para piano, tres sinfonías, el poema sinfónico La isla de los muertos , Danzas sinfónicas , Rapsodia sobre un tema de Paganini y una extensa producción para piano solo.
Desde joven mostró un talento excepcional, estudiando en el Conservatorio de San Petersburgo y Moscú, donde compuso su primera ópera Aleko a los 19 años. Exiliado tras la Revolución Rusa, se radicó en Estados Unidos, donde brilló como concertista y director, aunque compuso menos por su dedicación al piano. Sus manos enormes —que abarcaban 13 teclas— le permitieron complejas escritura pianística, influyendo en generaciones de intérpretes. Rachmaninov falleció en Beverly Hills en 1943, dejando una música que evoca nostalgia y poder emocional.
Su estilo fusiona influencias eslavas con innovaciones románticas, siendo sus conciertos para piano —especialmente el segundo y tercero— pilares del repertorio. En Argentina, orquestas como la Filarmónica y la del Teatro Colón han interpretado frecuentemente sus obras, conectando al público local con esta figura universal. Hoy, a 153 años de su nacimiento, su música sigue resonando en salas de concierto del mundo.