El 31 de marzo de 1933, presidente Gabriel Terra disolvió el Parlamento uruguayo tres días antes de su disolución legal, cerrando el Consejo Nacional de Administración e iniciando una dictadura «reformista» con apoyo militar.
Rompió con URSS y España republicana, exilió opositores y reformó la Constitución vía plebiscito en 1934.
El expresidente Baltasar Brum, refugiado en la embajada argentina, se suicidó ese día al no lograr apoyo regional, en un acto icónico de defensa constitucional. Terra llamó elecciones en 1938; su sucesor Alfredo Baldomir dio golpe en 1942 restaurando la Carta Magna de 1917, cerrando el ciclo autoritario.
Este episodio rompió el mito de «Suiza de América», influyendo debates sobre presidencialismo en la región.