Madrid, 28 de marzo de 1977: el compositor argentino Waldo de los Ríos, de 42 años, se suicidó de un disparo. Renovador del folklore y arreglista genial, brilló con versiones orquestales que fusionaron clásico y popular.
Su hit global fue el primer movimiento de la Sinfonía Nº40 de Mozart, adaptado como «Fugata» en 1971, que vendió millones.
Nacido en Buenos Aires en 1934, De los Ríos orquestó folklore como «La cumparsita» y compuso para cine: Boquitas pintadas (1968) de Torre Nilsson y ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Ellison. Sus arreglos de Bach, Beethoven y folclore argentino lo convirtieron en puente entre mundos musicales. En los 70, éxitos como «El río» (versión de «El Danubio azul») sonaron en radios porteñas.
Su muerte, en plena transición española, dejó un vacío en Argentina, donde su legado persiste en reediciones y tributos. Hijo de tradición tanguera, encarnó el talento exportado que enriquece nuestra identidad cultural. Treinta años después, sus melodías evocan nostalgia y genio trágico.