El 24 de marzo de 1874 nació en Budapest Ehrich Weiss, conocido para siempre como Harry Houdini, el legendario ilusionista que desafió los límites de la vida y la muerte con su arte del escapismo.

Nacionalizado estadounidense, Houdini emigró con su familia judía a Estados Unidos a los cuatro años, donde forjó su carrera en un mundo de magia y misterio. Su fama explotó en las primeras décadas del siglo XX con espectáculos que dejaban al público boquiabierto: escapaba de cadenas, esposas y baúles sumergidos en ríos helados, o de celdas de máxima seguridad como la de la Policía de Washington en 1906.

Houdini no era solo un mago; era un atleta de la mente y el cuerpo. Desafiaba a policías y fabricantes de candados a retenerlo, y siempre salía victorioso, a menudo arriesgando su vida. En 1912, por ejemplo, se liberó de una camisa de fuerza colgado de un edificio en Nueva York ante miles de espectadores. Desenmascaró fraudes espiritualistas, exponiendo cómo los médiums manipulaban sesiones con trucos simples, lo que le valió enemigos en el mundo oculto.

Su legado trasciende el entretenimiento: inspiró películas, libros y hasta la cultura pop moderna. Murió en 1926 por peritonitis tras un golpe en el abdomen, pero su mito perdura. Hoy, 152 años después, Houdini recuerda que la ilusión, bien ejecutada, puede ser más poderosa que la realidad. En un mundo de fake news, su escepticismo sigue vigente.

Con AFP.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.