El 18 de marzo de 1902, el mundo de la música cambió para siempre. El tenor italiano Enrico Caruso, nacido en Nápoles en 1873, grabó por primera vez su voz en un gramófono con «Vesti la giubba», de la ópera I Pagliacci de Ruggero Leoncavallo.

Ese disco se convirtió en un éxito rotundo: se vendió un millón de copias, marcando el inicio de la era de las grabaciones masivas.

Caruso, con su potencia vocal y carisma, trascendió la ópera. Fue el cantante más popular de la década de 1920 en cualquier género, hasta su muerte en 1921 por pleuritis. Su legado perdura en archivos sonoros que hoy se digitalizan, permitiendo que generaciones escuchen esa voz legendaria.

En Argentina, donde la ópera siempre tuvo un lugar especial, Caruso inspiró a tantos artistas. Teatros como el Colón lo recuerdan como pionero. Hoy, en la era del streaming, su hazaña nos recuerda cómo un solo disco unió al mundo. ¿El secreto? Técnica impecable y emoción pura.

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Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.