Hoy, 14 de marzo, se conmemora el fallecimiento en 1877 de Juan Manuel de Rosas, el controvertido caudillo federal que marcó la historia argentina.
A los 83 años, el militar y político bonaerense murió en Southampton, Inglaterra, tras ser derrocado en la batalla de Caseros en 1852 y exiliado por la élite unitaria. Dos veces gobernador de Buenos Aires (1829-1832 y 1835-1852), Rosas encarnó el federalismo gaucho y la resistencia contra el centralismo porteño, consolidando la Confederación Argentina bajo su mando.
Su figura divide aún hoy: para unos, un tirano que restauró el orden con mano dura y promovió el comercio de carnes saladas; para otros, un defensor de la soberanía popular contra el imperialismo británico y francés. Rosas impulsó la exportación de cueros y tasajo, fortaleciendo la economía pampeana, pero su régimen se tiñó de represión, con la Mazorca como símbolo de control. En el exilio, vivió modestamente como granjero, rechazando ofertas de retorno.
En la Argentina actual, el debate rosista revive en cada crisis política. ¿Defensor de los humildes o autócrata? Su legado influye en discusiones sobre federalismo y unidad nacional. Fuentes históricas, como las memorias de Domingo F. Sarmiento, lo retratan como el «restaurador de las leyes», mientras revisionistas lo reivindican. Hoy, en un país polarizado, Rosas nos invita a reflexionar sobre poder, identidad y exilio.