El 14 de enero de 1898 falleció en Guildford, Inglaterra, a los 65 años, Charles Lutwidge Dodgson, conocido mundialmente como Lewis Carroll, el diácono anglicano, matemático y escritor que dio vida a la inmortal Alicia en el país de las maravillas. Su obra, publicada en 1865, revolucionó la literatura infantil con su fantasía absurda, lógica caprichosa y críticas sociales veladas.
Carroll creó el universo de Alicia durante un remo en el Támesis con las hermanas Liddell, inspirado en la pequeña Alice. La secuela, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871), profundizó en juegos de palabras y paradojas matemáticas, reflejando su mente brillante. Sus libros han sido traducidos a más de 170 idiomas y adaptados innumerables veces al cine, teatro y animación.
La muerte de Carroll dejó un legado que trasciende la niñez: cuestiona la realidad y celebra la imaginación. En un mundo cada vez más racional, sus historias invitan a perderse en lo maravilloso, recordándonos que la lógica pura a veces necesita un toque de locura.