Hace exactamente 17 años, el 11 de enero de 2009, el rock nacional perdía a una de sus figuras más carismáticas y versátiles: Alejandro Sokol. El músico, compositor y bajista, conocido por su energía inconfundible en el escenario y su voz rasposa, dejó un vacío imborrable en la escena argentina. Sokol, nacido el 15 de marzo de 1960 en Buenos Aires, fue un pilar fundamental de bandas icónicas como Sumo y Las Pelotas, y su partida a los 48 años por un paro cardiorrespiratorio conmocionó a generaciones de fanáticos.
Su trayectoria despegó en los años 80 con Sumo, la banda liderada por Luca Prodan, donde Sokol aportó no solo su bajo groovy sino también coros y una presencia escénica magnética. Temas como «La rubia tarada» o «Crua chan» llevan su sello inconfundible, fusionando punk, reggae y rock con un espíritu rebelde que definió la posdictadura. Tras la muerte de Luca en 1987, Sokol renació artísticamente con Las Pelotas (inicialmente Pelotas), donde asumió como vocalista principal. Álbumes como Santos (1995) y Bajofondo (1997) consolidaron su legado, con hits como «Mami» y «Si supieras», que aún resuenan en estadios y radios.
Sokol no era solo un músico; era un símbolo de la contracultura argentina. Su imagen desgarbada, con anteojos y remeras anchas, inspiró a miles. Colaboró con artistas como Gustavo Cerati, Andrés Calamaro y Skay Beilinson, y formó proyectos solistas como «Los 7 Delfines» y «Almafuerte». Su influencia trasciende fronteras: en Latinoamérica, Sumo y Las Pelotas siguen siendo referentes del rock alternativo.
Hoy, a 17 años de su ausencia, Sokol vive en vinilos rayados, playlists eternas y tributos que multiplican su eco. Bandas emergentes lo citan como maestro, y documentales como Sumo: La banda de las mil noches (2015) rescatan su esencia. En un país donde el rock es resistencia, Alejandro Sokol permanece inmortal, recordándonos que la música verdadera nunca muere.