Hace exactamente 42 años, el 11 de enero de 1984, la Selección Argentina de fútbol dirigía sus pasos hacia un territorio inexplorado: Asia. Bajo la batuta de Carlos Salvador Bilardo, flamante entrenador auriazul, el equipo nacional debutaba en el continente asiático con una victoria ajustada por 1 a 0 ante Rumania, en el Estadio Salt Lake de Calcuta, India. Un hito que marcó el inicio de la expansión global del fútbol argentino en plena era pre-Mundial México 86.
El partido, enmarcado en una gira preparatoria, reunió a unos 80 mil espectadores en la capital de Bengala Occidental, en un ambiente caluroso y vibrante. Argentina formó con Fillol; Enrique, Ruggeri, Passarella, Tarantini; Batista, Calderón, Burruchaga; Valdano, Alonso y Maradona. El gol de la victoria llegó a los 23 minutos del primer tiempo, obra de un preciso cabezazo de Jorge Burruchaga, asistido por un centro milimétrico de Diego Armando Maradona, quien ya deslumbraba con su magia en escenarios exóticos.
Bilardo, recién asumido en julio de 1983 tras la salida de César Luis Menotti, apostaba por un fútbol pragmático y táctico, lejos del romanticismo del «Flaco». Este debut asiático fue un ensayo clave para su proyecto: probar jugadores, ajustar el esquema 3-5-2 y medir la resistencia física en condiciones climáticas adversas. Rumania, liderada por figuras como Bölöni y Balaci, planteó un partido físico, pero la Albiceleste impuso su jerarquía. «Fue una experiencia única, el calor era infernal, pero Diego nos cargó al hombro», recordaba años después Burruchaga.
El triunfo no solo sumó confianza, sino que abrió puertas en Asia, donde el fútbol argentino ganaría adeptos previos al histórico título mundial de 1986. Hoy, en tiempos de globalización total, este episodio recuerda cómo Bilardo sembró las bases de una Selección competitiva en cualquier latitud. Un debut inolvidable que trasciende el 1-0 y celebra la audacia argentina.