Carlos Villagrán, el icónico actor y humorista mexicano, nació el 12 de enero de 1942 en la Ciudad de México, un día como hoy que celebra su efeméride en el calendario cultural latinoamericano.
Proveniente de una familia humilde —su padre era fotógrafo ambulante—, Villagrán incursionó inicialmente en el mundo del espectáculo como extra en programas cómicos de Televisa, destacándose por su talento para la caracterización infantil antes de ser descubierto por Roberto Gómez Bolaños, conocido como Chespirito. Su vida dio un giro definitivo en 1973 al interpretar a Quico en El Chavo del 8, personaje que lo catapultó a la fama internacional con sus característicos cachetes inflados, llanto agudo y rivalidad con la Chilindrina.
El personaje de Quico, un niño presumido y mimado que vive en la vecindad, se convirtió en un fenómeno generacional, transmitido en más de 40 países y visto por millones en América Latina durante los años 70 y 80. Villagrán aportó un estilo gestual único, inspirado en roles previos como en la obra teatral Loquibambia, que enriqueció las dinámicas cómicas junto a figuras como Ramón Valdés (Don Ramón) y María Antonieta de las Nieves. Sin embargo, su trayectoria no estuvo exenta de conflictos: en 1978 abandonó la serie por disputas con Chespirito sobre los derechos del personaje, lo que generó una caída en la popularidad del programa y lo llevó a crear su propio show, Federrico, en Venezuela.
A sus 84 años en 2026, Villagrán sigue activo, deleitando al público con giras circenses y apariciones que evocan la nostalgia de una era dorada del humor inocente, como su reciente show en Perú. Su legado trasciende El Chavo del 8, simbolizando la unión cultural de Latinoamérica a través de la risa, y resurge con bioseries como Sin querer queriendo que renuevan el interés por su historia. Para Notigital, esta efeméride invita a recordar cómo un personaje infantil marcó generaciones, recordándonos el poder perdurable de la comedia familiar.
Con AFP.