En una ceremonia cargada de emoción en la ciudad suiza de Zurich, Lionel Messi, el astro rosarino del FC Barcelona y la Selección Argentina, se coronó por quinta vez como el mejor futbolista del mundo al ganar el prestigioso Balón de Oro, otorgado anualmente por la revista especializada France Football.
«Es un momento muy especial poder estar acá otra vez después de dos años mirando cómo Cristiano lo ganaba», declaró Messi con humildad al recibir el trofeo, en alusión a las victorias consecutivas del portugués Cristiano Ronaldo en 2013 y 2014. Con este logro, el capitán de la Albiceleste igualaba el récord de premios individuales más codiciados del fútbol y consolidaba su estatus como uno de los más grandes de la historia.
Aquel 2015 fue un año mágico para La Pulga: lideró al Barcelona hacia un triplete histórico (Liga, Copa del Rey y Champions League), anotando 58 goles en 57 partidos y repartiendo 27 asistencias. Su genialidad en el campo, marcada por regates imposibles y definiciones quirúrgicas, no solo deslumbró a los hinchas sino que reafirmó el dominio argentino en el fútbol mundial.
Este quinto Balón de Oro, que Messi levantaría en total hasta siete veces en su carrera, llegó en un contexto de intensa rivalidad con Ronaldo y justo antes de la Copa América 2015, donde Argentina caería en la final ante Chile. Sin embargo, el premio impulsó su liderazgo y motivó a una generación de futbolistas argentinos.
Hoy, once años después, el legado de ese triunfo en Zurich resuena más fuerte que nunca. Messi, tricampeón del mundo con Argentina, sigue inspirando desde el Inter Miami y recordándonos por qué es considerado el GOAT por millones.