Hoy se conmemora el octavo aniversario de la muerte de David Bowie, una de las figuras más icónicas y transformistas de la música popular del siglo XX. El músico y compositor británico, nacido como David Robert Jones, falleció a los 69 años en su departamento de la isla de Manhattan, Nueva York, víctima de un cáncer de hígado que mantuvo en secreto hasta el final.

Bowie, apodado «el camaleón del rock» por su capacidad para reinventarse constantemente, dominó la escena musical durante casi cinco décadas. Desde sus inicios en la década de 1960 con experimentos glam rock como Ziggy Stardust hasta su giro hacia el soul, el funk y la electrónica en los 70 y 80, su obra trascendió géneros y fronteras. Álbumes como The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972), Heroes (1977) y Let’s Dance (1983) no solo vendieron más de 135 millones de discos en todo el mundo, sino que definieron la cultura pop.

Su legado cultural se extiende más allá de la música: incursionó en el cine con papeles memorables en The Man Who Fell to Earth (1976) y Labyrinth (1986), y colaboró con artistas como Queen en el himno inmortal «Under Pressure». Justo dos días antes de su muerte, lanzó su último álbum, Blackstar, un adiós poético y experimental que muchos interpretan como su despedida consciente del mundo.

La partida de Bowie conmocionó al planeta, con tributos de miles de fans que dejaron flores en las calles de Nueva York y Londres. En Argentina, donde su influencia inspiró generaciones de rockeros como Charly García y Soda Stereo, su muerte reavivó debates sobre la inmortalidad del arte frente a la fragilidad humana. Hoy, a ocho años de su ausencia, su espíritu innovador sigue resonando en la música contemporánea.

 

Con AFP.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.